Podcast – Escuela de Padres en Hoy por Hoy

¿Se puede aprender a ser padres? Nadie dijo que educar a un hijo fuera fácil… Desde Jaén nos acompaña Pedro Molino, tutor de la ‘universidad para padres’ puesta en marcha hace cuatro años por el filósofo Jose Antonio Marina, para contarnos las pautas que siguen y el método que recomiendan

Actitudes básicas PRO-EDUCATIVAS

El potencial de la educación podría simbolizarse por la humilde grandeza de una semilla. Todos sabemos que una semilla sembrada en un buena tierra, regada con esmero y cuidada con atención y amor, puede llegar a ser una gran planta o un hermoso árbol que dará nuevos frutos y nuevas semillas.

Este hecho, natural y demostrable, ilustra para nosotros una idea generadora y fundacional: toda persona tiene capacidad para desarrollarse y para aprender, para mejorar y evolucionar cuando las actitudes y los entornos son favorables a ella, cuando sabe enfrentarse a los inevitables retos de su biografía, cuando se supera día a día, cuando no se deja arrastrar por el río de la vida.
La Universidad de Padres parte de la confianza en que todos podemos ser mejor persona, mejor pareja y mejores padres cuando elegimos la actitud progresiva y constante de aprender.

Creer en uno mismo o en una misma es el requisito básico para comenzar cualquier aprendizaje y para no renunciar a vivir con la dignidad que requiere la existencia, por encima de cualquier contradicción que menoscabe nuestro propio autoncepto o nuestra autoestima, por encima de errores y caminos reemprendidos, por encima de circunstancias que pueden ser anodinas, terribles o incomprensibles. Creer en nosotros mismos, de forma ponderada y razonable, como sujetos activos, es una actitud imprescindible para aprender de cada experiencia, de cualquier persona, de las lecciones que nos da el tiempo, de nuestros propios errores o aciertos, de cualquier oportunidad o recurso, sea éste escrito en forma de libro de papel o de textos en pantallas digitales.

Creer en nosotros mismos –como semilla en desarrollo– es una creencia imprescindible tanto para educarnos como para educar a otros. Porque esta convicción se proyecta de forma natural y consecuente en nuestros hijos: si creemos en nosotros, creemos en ellos. Si logramos que “aprendan a aprender” (cognitiva, emocional y socialmente) podrán llegar a ser la mejor versión posible de sí mismos. La fe del amor materno-paterno-filial nace del mismo manantial que nos hace crecer como personas cuando decidimos tomar una actitud pro-activa y pro-educativa ante la vida, porque necesitamos aprender más para vivir mejor.

Aún así, todos sabemos que la realidad de cada persona, de cada familia, de cada entorno social tiene claroscuros y es contradictoria, que muchas veces las circunstancias desdibujan cualquier certeza y enturbian nuestra apreciación del escenario o de los actores, de los ideales y de sus prácticas. A veces, parece más fácil dejarse llevar por la rutina que hacer frente a los problemas y a las posibles soluciones. Comienza a flaquear la confianza en uno mismo porque desconfiamos de los demás y ellos de nosotros. Acabamos desconfiando de todos y de todo. Los espejos en los que creemos vernos y ver a los demás deforman nuestra mirada, generando un laberinto óptico donde, muy probablemente, caeremos en el riesgo de perdernos y, posiblemente, de dejarnos llevar por la sensación de crisis generalizada.

Es, precisamente ahora, cuando más compleja parece la realidad social de este país el momento preciso para actuar, para tomar vitaminas UP y prevenir enfermedades más graves y complejas de erradicar. Volvamos a revisar nuestras actitudes pro-educativas y vitales. Volvamos a creer en nosotros mismos y en nuestros hijos o alumnos. Reconsideremos la confianza recíproca necesaria para actuar juntos, rememos en la dirección que estimemos más correcta para que, aprendiendo a nadar y a navegar, no nos arrastre el río que nos lleva. Aprender a ser mejores padres nos reafirma en la noble tarea de criar responsablemente a nuestros hijos, para que sean buenas personas y sean sabiamente felices.

Jan.01

La línea poética de Natividad Jiménez

Si Gustav Klint viviera apreciaría la sensibilidad de esta pintora jiennense con residencia en Sevilla. Sensibilidad y sensualidad se configuran en una poética particular y delicada con excelsa belleza.

Pedro Molino

Jan.01

El valor de la amistad

DIMENSIONES HUMANAS

Si la vida se mide por segundos vividos, y el espacio por metros habitables, el valor de lo humano sólo es comprensible por la calidad de los amigos. En su espejo nos vemos realmente como personas frágiles, contradictorios y auténticos, naturales.

Pedro Molino

8 de abril de 2011